Hay muchas cosas que no puedo entender. Mira que trato de mantenerme informado, leyendo mucho y a una velocidad bastante más rápida que la del lector promedio, pues ya saben quienes me conocen que hace años practico el método de lectura rápida. Aún así, no logro entender la reacción de tantas personas ante muchos de los fenómenos sociales que nos afectan a todos.

Una de ellas es que año tras año, algún “iluminado“, sin más evidencia que su ilustre premonición, anuncia el FIN DEL MUNDO y millones de personas alrededor del planeta se vuelven como locos. Muchos se apresuran a poner al día sus pendientes y hasta cuentan que la tasa de suicidios se incrementa. Lo peor de todo esto es que no hay ninguna evidencia científica, ni divina de que esto vaya a suceder por el momento.

Es cierto que en la Biblia se “menciona el fin del mundo” (1 Juan 2:17) cuando el apóstol Juan dice algo que podría ser traducido como “Pero lo malo de este mundo, y de todo lo que ofrece, está por acabarse“. Sin embargo, como acertadamente señalan algunos estudiosos, dado que el mundo del que Juan habla “ofrece” cosas que desagradan a Dios, no puede tratarse del Planeta Tierra y la civilización humana, su principal creación, sino de esa parte de la humanidad que le ha dado la espalda al Creador. El propio Juan en el citado versículo termina diciendo: “El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre“. O sea, que no hay un fin del mundo apocalíptico a la vista y aún así millones de personas mastican y se tragan esa píldora.

Sin embargo, el 99.8% de los científicos que se respetan, con décadas de investigaciones y abrumadora evidencia científica, nos advierten a diario que está llegando el “punto de no retorno“, cuando hagamos lo que hagamos ya no podremos evitar el FIN DEL PLANETA… y no pasa nada, seguimos tan tranquilos como siempre, aplaudiendo a las ratas que provocan y se benefician del Cambio Climático.

Donald Trump y la mayoría de los Congresistas Republicanos (y algunos Demócratas) que se han beneficiado tanto de la industria de los combustibles fósiles y otras relacionadas con la influencia negativa directa del hombre sobre el medio ambiente, no quieren reconocer estos ocho probados y muy bien fundamentados hechos:

  1. Aumento de la temperatura media de la Tierra: si seguimos así, puede llegar a aumentar hasta 4 grados C en el año 2050. Se relaciona directamente con la emisión de gases que contribuyen al efecto invernadero.
  2. Aumento del nivel del mar y su temperatura: de aquí al año 2,100, el nivel del mar puede aumentar unos 20 metros poniendo en serio peligro a las ciudades y poblaciones costeras. Sólo en el Caribe, por ejemplo, se espera que el nivel del mar aumente unos 40 cm para el año 2060, provocando que el agua salada del mar invada las aguas subterráneas utilizadas para el abastecimiento humano.
  3. Aumento de la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como tormentas, tornados y huracanes, a consecuencia del incremento de la temperatura de los océanos.
  4. Cambios en los ecosistemas: más desiertos, desplazamientos de las regiones boscosas y pérdida de ecosistemas costeros.
  5. Peligro de extinción de numerosas especies animales y vegetales: no sólo el oso polar y la población de corales, los científicos estiman que entre un 20 y un 30% de las especies animales y vegetales estarían en peligro de desaparecer con un incremento de 1.5-2.5 grados C en la temperatura media global de la tierra.
  6. Sequía: el incremento de la evaporación conllevará a enormes pérdidas de agua dulce.
  7. Efectos sobre la Agricultura y el espacio forestal: con más calor y menos agua se hará más difícil cultivar la tierra y los cultivos reducirán su productividad, provocando enormes hambrunas.
  8. Impacto sobre la Salud Humana: incremento de enfermedades e incluso muertes, debido a todo lo arriba expresado.

Parece ser que hay dos grandes RAZONES por las cuales o bien no reconocemos nuestro papel en los profundos cambios climáticos que están teniendo lugar ahora mismo, o bien los reconocemos, pero no actuamos:

PRIMERA:  parece ser un tema netamente evolutivo. No estamos diseñados para responder con premura a los cambios que se originan a largo plazo, sino ante amenazas en tiempo real, como un acto terrorista o la inminente llegada de un huracán. No solemos actuar cuando el peligro solo se puede reconocer a través de la investigación y la reflexión. Sólo prestamos atención al cambio climático a ratos, y una vez pasados los efectos principales del desastre de turno, volvemos a la vida “normal“, nuestra memoria se desvanece mediante un mecanismo de supervivencia que nos ha legado la evolución.

SEGUNDA: el nivel de compromiso de quienes ostentan el poder político y la capacidad de tomar decisiones nacionales o globales, con aquellos que se benefician de la influencia negativa sobre el clima. Esos obtienen enormes cantidades de dinero de la explotación de los combustibles fósiles y una parte de ese dinero lo destinan a asegurarse el apoyo de políticos, congresistas, legisladores, jueces y cabilderos que garantizan el continuo desarrollo de este círculo vicioso.

Quizás pudiéramos agregar una TERCERA, fundada en el hecho de que la transformación a fuentes de energía renovables no ocurre en un día, requiere una enorme cantidad de inversión y, si no se planifica bien, en el proceso afecta a millones de familia cuya forma de subsistencia depende precisamente de la extracción y explotación de los dañinos combustibles que crean el efecto invernadero al menos la mayor parte del mismo.

De cualquier manera, ninguna de las tres razones enunciadas deberían ser ni una excusa ni un obstáculo para una humanidad que se precia de ser cada vez más inteligente y racional. Tenemos que actuar. Y actuar rápido.

Mientras tanto, “Nosotros LOS INDOLENTES” sería un lindo epitafio para la tumba colectiva que le estamos cavando a nuestros hijos.