Viva la UNIDAD con los Trumpistas, los Republicanos e incluso con los supremacistas blancos. Les aseguro que estoy dispuesto a tenderles la mano y, sin pedirles que cambien sus ideas religiosas, filosóficas o sexuales, estoy dispuesto a darles mi ABRAZO solidario… si y solo sí, abandonan los ideales de la supremacía blanca, el racismo y la discriminación y reconocen que todos los hombres somos iguales sin importar el color de la piel, el número de ceros en la cuenta del banco y la orientación sexual de cada uno.

Si reconocen que la Salud y la Educación son derechos y no privilegios (aunque luego discutamos las diversas formas de implementarlo); si aceptan que un salario digno que nos permita acceder, al menos, a la canasta básica es lo mínimo a que se puede aspirar en el país con la mayor cantidad de millonarios en el mundo. Y si se unen a nuestra lucha para derogar Citizens United e impedir que las corporaciones y el Gran Capital sigan metiendo sus sucias garras en la política, comprando Senadores, Congresistas, Jueces y leyes.

Y, por supuesto, si hacemos frente común en la defensa del Medio Ambiente, para impedir que nuestro hijos y nietos pierdan la única casa que tenemos.

En ese caso, -que no es mucho pedir porque todo me beneficia a mí tanto como a ellos-, no sólo les ofrezco mi abrazo, sino un puesto en mi mesa, y hasta rezar juntos las plegarias, aunque le recemos a dioses diferentes, o a todos los dioses al mismo tiempo. Extiendo mi rama de olivo y prometo tratar de olvidar las injurias y ofensas de tantos años en aras de la sanación and unidad de la nación.

Sólo tienen que saber una cosa más. Tienen que echar a un lado la petulancia y los ataques. Nosotros ganamos las elecciones. Nosotros controlamos el Gobierno, el Senado y la Cámara baja del Congreso. Nosotros tenemos el deber de extender la mano y de invitarles a la fiesta. Eso es propio de, y le hace honor a los vencedores. Pero a ellos corresponde el resto de los pasos: sin odios, sin rencores, sin sembrar cizañas, sin exigencias basadas en el pasado y en todo lo que rechazamos.

De lo contrario, a nombre de esos niños y niñas que confían en que sus padres les hereden un mundo mejor, a nombre de las madres que nos amamantaron no para cultivar tempestades pero sí para proteger fortalezas sin miedos ni dudas, a nombre de la gente buena de este país y del mundo, les enviamos un mensaje tan fuerte como la esperanza de nuestros hijos y los arrullos de nuestras madres:

No esperen ni compasión ni debilidad: las ruedas de la historia están listas para pasarles por encima y somos muchos al volante de la locomotora.

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