Difícil tarea ser conciso y coherente en tan poco espacio sobre tema tan complejo. Un poco más difícil para mí, pues me leen muchas personas de fuera de EEUU lo cual me obliga a abundar en detalles que pueden resultar obvios para mis conciudadanos actuales. Tratemos de asumir el reto:

EL MARCO PREVIO AL DEBATE

Muy rápidamente se necesita establecer dos cosas:

PRIMERO: Trump no es la enfermedad, es el síntoma de un cáncer que ha hecho metástasis por toda la sociedad estadounidense, motivado fundamentalmente por la insaciable avaricia de los ricos y poderosos (de los cuales Trump es parte); y aceptado, alimentado y promovido por la complacencia de administraciones republicanas y demócratas (de las cuales Biden es parte).

O sea, estamos ante un debate donde -en diferente medida e intensidad- ambos contendientes son parte del PROBLEMA, aunque por todo lo que ya sabemos y algunas cosas que veremos más abajo, uno sólo de ellos es parte de la SOLUCIÓN.

SEGUNDO: Por muchas semanas ya, Biden ha estado por delante en las encuestas y Trump ha sido muy golpeado por las revelaciones de cosas que ha dicho y su estafa de impuestos, por lo que, aunque los debates presidenciales no decidan elecciones, Trump necesitaba una rotunda victoria, la cual no podía lograrse de otro modo que demostrando la incapacidad de Biden de debatir, argumentar, hablar coherentemente y ganar puntos debatiendo con un entrenado matón de barrio, experto en discusiones callejeras. Bien, algunos pueden ver a la caricatura presidencial como ganador, mientras otros aplaudirán a Biden, pero todos coincidirán en que Trump no logró su objetivo. Ese es quizás el primero punto fuerte que cuenta.

¿QUÉ DICEN LAS ENCUESTAS, LAS BASES y los «OTROS»?

Las primeras encuestas, excepto las muy permeadas por las componendas de la ultra derecha, dan a Biden como el ganador. Sepamos que ninguna de esas encuestas tiene rigurosidad científica como para ser aceptada totalmente, pero cuando el margen es tan alto a favor de uno de los contendientes (como en el caso de la encuesta de CNN que ves en la imagen de abajo), la lógica y el sentido común te dicen que deben estar muy cerca de la verdad.

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Pero esas encuestas toman como muestra a un universo general. En su inmensa mayoría, los fanáticos seguidores de Trump seguirán apoyándole y votarán por él: no les importó lo que dijo de «agarrar» a las mujeres; ni el fraude que cometió con la Universidad Trump por la que fue condenado a pagar $30 millones; ni sus componendas con Rusia; ni que fuera sometido a juicio político; ni que ofendiera a los soldados caídos; ni que su hermana y sobrina lo consideren un «monstruo«; ni que haya pagado menos impuestos que la mayoría de ellos… ¿crees que puede importarles que pierda un debate? Y ni hablar de los supremacistas blancos a los que dió otro espaldarazo colosal, negándose a condenarlos y conviertiéndolos, de facto, en su «guardia personal para velar por la legalidad de las elecciones«.

Igualmente los partidarios duros de Biden y el Partido Demócrata no sólo votarán por él, sino que ahora estarán más tranquilos al poder superar su miedo de estar apoyando al «candidato más débil de la historia«, a quien vieron anoche mucho más estructurado, enfocado, capaz y decidido a triunfar. En general, la gente seria, decente, con valores ciudadanos y humanos pueden sentirse entusiasmados o no con Biden, pueden quererle o no y quizás nunca lleguen a adorarle, pero quedaron convencidos (sean republicanos, demócratas o independientes) de que Biden será, con mucho, un mejor presidente de lo que ha sido Trump en su primer mandato, y una alternativa aceptable, viable, respecto al desastre que un Donald Trump desbocado podría generar en su segundo mandato.

Es esta última afirmación la que debe ser considerada con respecto a un porcentaje de los indecisos que ante tal disyuntiva, entre el desastre absoluto y la continuidad de administraciones previas a Trump, quizás se hayan sentido motivados a salir a votar e impedir el apocalipsis trumpiano. Sin embargo, la negativa de Biden de apoyar abierta y explícitamente el Nuevo Acuerdo Verde (sustituyéndolo por lo que él llamó un «Plan Biden» que nadie sabe qué es), le restará mucho apoyo entre los jóvenes y los progresistas, para los cuales la defensa frontal del Planeta reviste tanta importancia.

Pasé parte de la noche revisando Forums de esos «otros» y la gente está muy molesta. Si la Campaña de Biden me aceptase un consejo sería no tratar de promover ahora el «Plan Biden (??¡)» para proteger el medio ambiente como algo «bueno«, sino como algo simplemente «mejor que lo que Trump tiene para ofrecer«. Quizás con eso logren rescatar a algunos indignados y no alejar tanto a otros. Realmente su apuesta (aunque no lo quieran reconocer) es a decir y reafirmar que Biden es una mejor persona que Trump (y lo es) y que será un mejor Presidente (por supuesto).

LOS MOMENTOS MEMORABLES

No pretendo ni puedo abarcar toda la riqueza de 90 minutos de debate. De eso podrán ustedes leer mucho en estos días, en otros medios y por gente más experta que yo en cada punto. Por eso, me voy a limitar a resaltar los que a mi juicio resultan los momentos álgidos del debate.

Primero, la gente quizás no recuerde este debate por alguna posición política o propuesta específica (de lo cual hubo muy poco de ambas partes), sino por haber sido el debate más caótico de la historia. Los dos interrumpieron (Trump 10 veces más que Biden), los 3 gritaron, pues el moderador estuvo obligado a hacerse escuchar (aunque Biden se lleva la palma de la decencia en este aspecto) y el gran perdedor fue el pueblo estadounidense.

Es importante señalar que Trump logró establecer otro record Guinnes: jamás a un Presidente estadounidense en funciones le habían llamado «racista» en un debate. Es un término demasiado fuerte e históricamente doloroso para los norteamericanos, que trasciende las fronteras del respeto que se supone merezca un presidente, por mucho que no coincidas con él. Y si a eso le sumas que Biden dijo claramente: «Es muy difícil hilvanar palabras con este PAYASO?«, y más adelante le espetó «¿Te puedes callar?«, pues sin duda alguna esta trilogía hará historia.

Otro momento de verdad memorable es el enfoque reduccionista con el que se abordó el RACISMO y la violencia, limitándolo -fundamentalmente- a la brutalidad policial, sin siquiera osar acercarse a su esencia histórico-estructural por parte de Biden, y con Trump repitiendo como papagayo que «el problema es de las ciudades administradas por demócratas«. Alguien avezado en campañas políticas te dirá que no es conveniente calar más hondo en un tema así antes de unas elecciones. Y quizás tenga razón. Alguien más comprometido con la verdad te dirá que muchos estadounidenses esperamos con ansias el día en que un candidato presidencial aborde ese tema con la crudeza y valentía que se requiere: es cierto que perdería unos cuantos votos, pero quien sabe si ganaría millones entre esos a los que ya nada mueve para ir a las urnas.

A propósito no voy a tocar el tema del COVID-19, China y otros porque verás mucho de eso hoy, pero me quedan dos temas a mi juicio muuuuy memorables:

1. El ineficiente papel de Chris Wallace como moderador. Sabemos que es difícil moderar a una alimaña como Trump, pero desde un inicio, cuando el presidente interrumpía constantemente y no dejaba escuchar prácticamente a Biden, la forma de controlar todo hubiese sido encarar directamente al responsable, no culpar a los dos cuando el Indeseable-en-Jefe llevaba, con mucho, la delantera. Si lo hubiese hecho, quizás hubiera perdido su trabajo en ese nido de ratas conocido como Fox News, pero podría haber pasado a la historia bajo una luz diferente.

2. Mientras Trump hablaba de sí mismo una y otra vez, demostrando con sus palabras, su mirada y sus gestos el profundo desprecio que siente por todos nosotros, Biden trató de dirigirse al elector estadounidense, a tí y a mí, a los que tenemos que decidir si votamos o no y por quien, gesto al que le puso un muy buen colofón cuando dijo que sería «el Presidente de todos los estadounidenses, republicanos y demócratas«, lo cual le anotó seguramente un buen punto entre los conservadores moderados y los «Nunca Trump«. Por supuesto que dejó fuera a los Progresistas, pero eso ya lo sabíamos y no fue sorpresa para nadie.

El momento «inmemorable» fue el de los impuestos de Trump, pues todos esperaban que tuviera mucho más peso, pero Biden no lo atacó tan agresiva y enérgicamente como ameritaba la situación, Trump repitió su farsa de que ha pagado millones sin comprometerse a mostrar sus impuestos y sin rebatir nada, más que con su gastada consigna de «noticias falsas«, y el moderador puso su granito de arena en que el tema se fuera rápido y «sin penas ni glorias«.

EL PUNTO QUE A PROPÓSITO NO ABORDÉ

Te habrás dado cuenta que dejé fuera de los momentos destacados el final, el cierre, la respuesta a la pregunta de si ambos respetarían o no los resultados de las elecciones. Wallace fué muy explícito al tratar de obtener de ambos contendientes la promesa a respetar los resultados, motivar a su base en ese sentido y ayudar a una transición o continuidad pacífica del poder, según fuese el caso. De Biden lo logró. De una manera muy clara y firme.

De Trump solo logró que confirmásemos lo que ya también sabíamos: que no va aceptar los resultados a no ser que gane, que desde ya está pronosticando el fraude porque va a declarar fraude (algo que nunca había hecho un presidente en funciones que además cuenta con la mayoría del Senado), y que en camino a ese propósito se está asegurando una Corte Suprema fiel que pueda confirmar su renuencia a ceder el poder y la desobediencia civil, la intimidación a votantes y los disturbios que sus fuerzasa paramilitares supremacistas blancas pueden provocar. A ellos les mandó un mensaje claro: «esperen y estén alertas«, lo cual por mucha retórica que algunos se empeñen en lanzar a los cuatro vientos, todos sabemos perfectamente cómo va a ser interpretado.

LA INMINENCIA DE GUERRA CIVIL Y QUIÉN PUEDE SALVARNOS

Si como todos esperamos, Trump sufre una derrota, aún cuando sea descomunal, se negará a entregar el poder, sus simpatizantes armados hasta los dientes se lanzarán al control de las calles y el resto de los estadounidenses nos enfrentaremos con ellos en una lamentable Guerra Civil de incalculables consecuencias que nadie sensato quiere, y que a nadie conviene.

Si eres de los que piensas que la Constitución, las leyes, las tradiciones democráticas o el menos común de los sentidos al que insistimos en seguir llamando «común» nos pueden librar de ese espantoso escenario, donde mucha gente puede morir y resultar muy dañada, incluyendo tus hijos y los míos, pues te equivocas. La exacerbación del conflicto, el odio y la división por parte de Trump, y el agotamiento, el nivel hasta el cual estamos hartos de tanta afrenta y maltrato, ya rebasa cualquier solución tradicional. Sin embargo, parece haber una salida. UNA SÓLA.

En un conflicto de las dimensiones del que desafortunada e irremediablemente parece avecinarse, ¿quiénes son los que tienen más que perder? Pues los ricos, los poderosos, las grandes Corporaciones and Wall Steet. Todos perderíamos mucho, incluso nuestras vidas, pero nada que sea tan apreciado por ellos como sus negocios, sus inversiones y su dinero. Y resulta que ellos son los amos, los dueños, los manejadores de una parte importante de nuestros Congresistas y Senadores (de ambos partidos) a quienes financian sus campañas y mantienen en sus puestos. Entonces que les ajusten las correas y les exijan detener esa enorme farsa trumpiana que devendría en masacre. De manera bipartidista ellos pueden detenerlo. Procuremos que todos ellos se enteren. Que lo sepan. Y que actúen.

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Esa es su tarea. La tuya y la mía, la de nuestras familias y amigos, la de nuestra gente, es ir a votar y votar CONTRA TRUMP. Y convencer a todo el que podamos que se registre antes del 5 de Octubre. Luego, hay que votar como si ese día, y en ese acto, nos fuera la vida. Porque NOS VA LA VIDA.

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