No sé si es porque nunca antes la situación del país había sido tan álgida o porque personalmente nunca me había involucrado tan directamente en una campaña política, pero esta me ha enseñado mucho. Quizás no sólo a mí.

Indudablemente, este es posiblemente el proceso electoral más decisivo en la historia moderna de los EEUU. Si vuelve a ganar Trump, cuya aprobación según todas las encuestas serias está por debajo del 50%, pero por encima del 40% se consolidará el estrangulamiento de la democracia y el gobierno por el Gran Capital; concluirá la transición a una feroz oligarquía y el total deterioro de las instituciones democráticas; se limitarán seriamente conquistas populares tan grandes como el Medicare y el Seguro Social, como Obamacare y los subsidios estudiantiles; se expandirán los monopolios internamente y la prepotencia estadounidense en las relaciones internacionales, incrementando el espíritu guerrerista y la injerencia del neoliberalismo depredador. Es mucho lo que está en juego.

Quizás sea por ello que la historia no sólo recogerá el enorme agradecimiento a Trump por habernos mostrado el ya infame deterioro estructural del sistema y la podredumbre del pantano, sino también a este proceso electoral por mostrar descarnadamente la ausencia de una Resistencia unida, dónde residen nuestras lealtades e incluso quienes son nuestras verdaderas amistades.

La LECCIÓN #1 es que sí hay Resistencia, pero no sólo al deterioro del sistema, sino también a la profundidad de los cambios. El movimiento anti Trump (o más bien anti deterioro total del sistema) está profundamente DIVIDIDO en dos grandes grupos, aunque algunos «guardianes del sistema» manipulen cifras y análisis para ignorar ese hecho:

* esos que algunas veces se ofenden cuando les llaman MODERADOS (y otras veces ellos mismos hacen alarde de sus posiciones «moderadas» o «centristas«, que quieren EVOLUCIÓN, pero no REVOLUCIÓN y niegan a capa y espada que el resultado final después de décadas de administraciones republicanas y demócratas es realmente INVOLUCIÓN y retroceso social, no desarrollo; que abogan por cambios graduales y mejoras incrementales que van contra los poderosos, mientras que no les molesten mucho; y que honesta o malintencionadamente (hay de los dos) siguen pensando que las reformas pasito a pasito pueden ir adecentando y mejorando el país.

* y esos que nos hacemos llamar PROGRESISTAS (pero nos tildan de «radicales«, «comunistas» y otros epítetos menos amables, que estamos hartos de promesas no cumplidas, de que sólo el 1% (y quizás un poco menos otro 9%) evolucione mientras el 90% involucionamos. Los que sabemos que tanto con el Planeta como con la Sociedad, se está llegando a un PUNTO DE NO RETORNO, luego del cual sólo habrá cabida para un enorme CAOS de explosiones sociales para nada positivas, inmolarse o sucumbir como esclavos totales de la férrea dictadura de los oligarcas cada vez más empoderados y legalmente afianzados.

La LECCIÓN #2 es que los llamados a la UNIDAD PARTIDISTA son tan falsos como el billete de $4 dólares y parte no de lealtades partidistas, sino de intereses y aspiraciones muy diversas entre los dos grandes grupos en conflicto. El Partido tras el que pretendemos unificarnos (y que realmente es la única opción viable para sacar a un Presidente que cuenta con el respaldo de casi la mitad de la población que tradicionalmente sale a votar) no representa las aspiraciones e intereses de muchos millones dentro de la Resistencia, y todos cuando invocamos la dichosa «unidad«, lo que realmente (e hipócritamente con frecuencia) tenemos en cuenta es la unidad en torno a «nuestro» candidato, al que refleja nuestros intereses y/o los intereses de la jerarquía del partido.

La verdadera FIDELIDAD no es partidista: es a mantener el status quo, mejorándolo un poquito porque así es como me conviene, o a romper totalmente con el status quo porque así es como de verdad conviene a los otros… lo demás es demagogia y el verdadero «populismo» presente en todos los que integramos la Resistencia, aunque quieran endorsar la etiqueta a sólo uno de los grupos.

La LECCIÓN #3: el problema con el término «SOCIALISMO«. A mucha gente le asusta y le frena la palabrita. También hay mucha gente que ya no le tiene miedo, ni a esa ni a cualquier otra, porque es difícil encontrar una palabra peor que «INFIERNO«, que es el que viven millones y millones de personas en este país.

Porque la juventud, que siempre ha sido rebelde por naturaleza, ahora lo es más aún por contar con mayor preparación e información, y porque el cansancio, el agotamiento con las reformas cosméticas y las mejoras graduales ya no es un problema de términos, sino de SUPERVIVENCIA. Así que unos millones se defecan del miedo ante la palabrita, otros millones se defecan en la palabrita. Esa es una buena imagen con la que describir a este país que también con orgullo llamamos NUESTRO.

Y por último la LECCIÓN #4: intereses tan contrapuestos despiertan no sólo pasiones excesivas, sino también definición de relaciones y AMISTADES. Aunque desde que me involucré de lleno en la contienda electoral he ganado decenas de nuevas amistades, no me enorgullezco de haber perdido ya 2-3 amigos y de saber que mi relación con otros 10 o 12 quedará rota o jamás volverá a ser la misma al final de esta contienda. Me duele cada amigo perdido y detesto el cliché de «si se van es porque no eran verdaderos amigos«. No lo creo así.

Creo que la vida está poniendo a prueba no sólo nuestra relación con la verdad (que en última instancia no es más que lo que cada uno cree), sino también nuestras LEALTADES. Yo escogí, cuidadosa y de manera bien pensada, las mías al apoyar 100% a Bernie Sanders, y nunca he entendido mejor que hoy la máxima del más preclaro de mis compatriotas, aquella de «con los pobres de la tierra«. Para algunos es cliché. Para mí es RAZÓN DE VIDA. Cada cual tiene no solo el soberano derecho, sino la responsabilidad de escoger las suyas. Y de vivir con ellas.

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