La semana pasada, el presidente electo estadounidense Joseph Biden anunció la nominación de una parte de su equipo de política exterior y seguridad nacional. Entre las designaciones de mayor significación estuvo la de Secretario de Estado debido a que tendrá la responsabilidad de dirigir la diplomacia estadounidense en un contexto internacional sin precedentes y en un momento de fuerte declive de su hegemonía a escala global.

La persona propuesta para ocupar ese cargo es Antony Blinken, quien tiene que someterse en Enero a un proceso de confirmación ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Blinken es un político de 58 años con una amplia experiencia en el área de la política exterior y seguridad nacional. Nació en la ciudad de Nueva York en una familia judía y adinerada debido a que su padre, Donald Blinken, era un reconocido inversionista en el sector bancario con estrechos vínculos en Wall Street.

Después del divorcio de sus padres en 1970, Antony comienza a vivir con su madre y su nuevo esposo en París. En esta etapa de su vida, que se extiende desde los 9 años hasta la adolescencia, tuvo gran influencia en su formación el ambiente cultural e intelectual de la capital francesa y la convivencia con su padrastro Samuel Pisar, quien era un judío polaco sobreviviente del holocausto con mucha influencia política.

Pisar fue prisionero en varios campos de concentración, incluyendo Auschwitz. En los años 50 se graduó de derecho en la Universidad de Harvard y realizó un doctorado en la Universidad de la Sorbona en París. Durante esa década, tuvo una intensa experiencia diplomática al trabajar para las Naciones Unidas en Nueva York y París.

Le otorgaron la ciudadanía estadounidense y a principios de los 60 se desempeñó en el equipo de trabajo de política exterior del presidente Kennedy y fue asesor del Departamento de Estado. Durante la intervención de Blinken hace unos días en el contexto de su nominación, reconoció que su padrastro es una de las personas que han influido de manera significativa en su formación.

Por lo tanto, el ambiente familiar estaba permanentemente vinculado a la vida política y como una muestra de esto el propio Blinken durante su audiencia de confirmación para Subsecretario de Estado en el 2014, afirmó que durante su estancia en París: “Me encontré a mí mismo a una edad muy temprana desempeñándome como un diplomático al tratar de explicar aspectos sobre los Estados Unidos a mis compañeros de clases”. No obstante, Antony siempre mostró fuertes inclinaciones hacia el arte y la cultura en general, lo que motivó que evaluara seriamente convertirse en productor de cine y que tocara en una banda de jazz en Francia.

A finales de los años 70, regresó a su país de origen y realizó estudios de licenciatura en humanidades en la Universidad de Harvard de la que se graduó en 1984. Durante su carrera universitaria, se desempeñó como editor del periódico estudiantil The Harvard Crimson y se vinculó con el reconocido periodista neoyorquino, Errol Louis, quien lo motivó para que se convirtiera en editor de la influyente revista semanal de arte llamada “What is to be done” (Lo Que Hay Que Hacer). En 1987, le publicaron su tesis de diploma como libro que se tituló: “Aliados vs Aliados: América, Europa y la Crisis del Oleoducto Siberiano”.

En el año 1987, se graduó de la escuela de leyes de la Universidad de Columbia. Durante esta última etapa, fue columnista de la revista The New Republic donde publicaba artículos con una fuerte crítica a las políticas del gobierno de Ronald Reagan. Su primera incursión en el sector privado la realizó en el bufete de abogados neoyorquino Rogers & Well. Desde muy joven se vinculó al Partido Demócrata y con 25 años ayudó a su padre a recaudar fondos para la carrera presidencial del candidato demócrata Michael Dukakis en 1988.

Su experiencia gubernamental comenzó con el gobierno de William Clinton y se inició como funcionario del Departamento de Estado en 1993. Fue asignado para el buró que atendía los asuntos de Europa y Canadá. Posteriormente y con tan solo 32 años formó parte del staff del Consejo de Seguridad Nacional de la Oficina Ejecutiva del presidente estadounidense.

Entre 1994 y 1998, se desempeñó como Director de Planeamiento Político y escritor jefe de discursos del mandatario. Por lo tanto, Blinken era el responsable de elaborar cómo Clinton expondría ante la opinión pública interna e internacional la narrativa de su política exterior.

Entre 1999 y 2001, fue director de Europa y Canadá en el Consejo de Seguridad Nacional. Durante esta etapa cuando se encontraba asumiendo cargos de alto nivel en la Casa Blanca, su padre Donald fue nombrado por Clinton como Embajador en Hungría y su tío Alan fue designado como jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en Bélgica.

Blinken estuvo durante 7 años involucrado en los principales temas de política exterior del gobierno de William Clinton, lo que contribuyó considerablemente en su preparación y tenía garantizada una visibilidad dentro de la élite de Washington vinculada al posicionamiento internacional de la nación estadounidense.

Con la llegada del nuevo gobierno republicano de George W Bush, tuvo que abandonar sus responsabilidades políticas y decidió vincularse durante unos meses con el influyente grupo de pensamiento Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. A partir del año 2002 y hasta 2008, fungió como director del staff del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Es en esta etapa cuando comienzan sus vínculos profesionales y personales con Joseph Biden, quien en varias ocasiones fue presidente de esa instancia senatorial, lo que permitió que ambos tuvieran la necesidad de mantener una comunicación sistemática y fluida sobre temas de importancia estratégica para la política exterior. Blinken en esos años se vinculó con mayor prioridad a las guerras en Iraq y Afganistán, las relaciones con Pakistán y los asuntos vinculados a las armas de destrucción masiva.

A partir del 2008, con la designación de Biden como compañero de fórmula del entonces candidato presidencial Barack Obama, Blinken se involucra en la campaña y fue miembro del equipo de transición presidencial. Con el nuevo gobierno demócrata, se desempeñó como asesor de seguridad nacional del vicepresidente Biden entre 2009 y 2013.

En esta etapa, se involucró directamente y con mayor intensidad en los temas de Iraq y Afganistán. En el 2013, fue promovido a viceasesor de seguridad nacional del presidente estadounidense, lo que evidenció que gradualmente fue ganándose un espacio dentro del círculo de principales asesores de Obama. En enero del 2015, se convirtió en Subsecretario de Estado cuando John Kerry estaba al frente de ese Departamento.

Cuando sale del gobierno de Obama, comienza a trabajar en el sector privado en la firma de consultoría estratégica WestExec Advisor que se dedica al asesoramiento político de transnacionales estadounidenses y de terceros países. También se desempeñó como socio de la compañía financiera Pine Island Capital Partners. En ambas entidades privadas se dedicaba esencialmente a representar los intereses de poderosos e influyentes sectores de la élite económica. En el 2020, al convertirse en el asesor principal de política exterior de la campaña de Biden, tuvo que renunciar a estos cargos.

Varios medios estadounidenses destacan que Blinken es aficionado a tocar guitarra y ha compuesto, al menos, dos canciones. También le gusta jugar fútbol. Su esposa se nombra Evan Ryan y ha ocupado varias responsabilidades como funcionaria gubernamental. Durante el gobierno de Clinton, trabajó en el equipo de Hillary asistiéndola en sus funciones como primera dama y durante la etapa de Obama se desempeñó como secretaria asistente de Estado para asuntos educacionales y culturales.

Con relación a sus posiciones políticas, Blinken escribió un artículo publicado en enero del 2019 en el Washington Post en el que refleja la esencia de su pensamiento en materia de política exterior. El texto titulado: “América Primero solo está haciendo al mundo peor. Aquí está un mejor enfoque”, expone los fundamentos de cómo debe ser la proyección externa de Estados Unidos en las circunstancias actuales.

En la parte introductoria, Blinken afirma que el escenario global es crecientemente peligroso. Según su perspectiva, las tendencias principales son: incremento de los populistas, nacionalistas y demagogos; poderes autocráticos aumentando su fortaleza y comportándose de manera agresiva; las naciones europeas golpeadas por la división y la desconfianza en sí misma; la democracia bloqueada y vulnerable a la manipulación foránea; así como “nuevos desafíos” vinculados a la ciberguerra, la migración masiva y el calentamiento global. Señala que ninguna nación por sí sola puede manejar estos retos y que la concepción “América Primero” con una mezcla de nacionalismo, unilateralismo y xenofobia ha exacerbado estos problemas.

En el artículo se explica que la política exterior hacia el futuro debe estar orientada por cuatro pilares fundamentales: diplomacia preventiva y disuasión; comercio y tecnología; aliados e instituciones y migración y refugiados. Sobre el primer pilar, Blinken señala que una política exterior responsable debe buscar prevenir las crisis o contenerlas antes de que se salgan de control. Para lograr este objetivo, enfatiza que se requiere “una combinación de diplomacia activa y disuasión militar”.

En este sentido, argumenta que a medida que la competencia geopolítica se intensifica debe complementarse la diplomacia con la disuasión. Precisa que “las palabras por sí solas no disuadirán a Vladimir Putin y Xi Jinping” y aboga por encontrar un balance adecuado entre la modernización, la preparación, las capacidades asimétricas y la estructura de los mandos militares. En esencia, culmina resaltando que “el uso de la fuerza puede ser un necesario complemento para una diplomacia efectiva”.

Esta visión de Blinken explica por sí sola por qué es considerado un “centrista con inclinaciones intervencionistas”. El segundo pilar, se enfoca en que Estados Unidos debe emplear su poder económico global para proteger a sus trabajadores y encabezar la competencia en las nuevas tecnologías, principalmente, en el área de la inteligencia artificial debido a que está llamada a modificar el balance del poder a escala planetaria.

El tercer pilar, vinculado a los aliados resalta que los desafíos internacionales no pueden enfrentarse por una sola nación y aboga por crear una organización que integre a sus aliados en Europa y Asia que podría llamarse “Liga de las Democracias” o “Red Cooperativa Democrática”. Explica que ese mecanismo no solo tendría que ver con temas militares sino también con la ciberseguridad y otras amenazas que enfrentan las democracias en la actualidad que van desde el terrorismo hasta la interferencia en los procesos electorales.

El cuarto pilar, parte de la premisa que uno de los fenómenos más desestabilizadores en términos geopolíticos es la migración masiva y por esta razón Estados Unidos necesita dirigir el tratamiento a las causas y consecuencias de este flagelo.

El artículo concluye señalando lo siguiente: “hemos aprendido que el mundo no se gobierna a sí mismo. Si Estados Unidos abdica en su rol de liderazgo para transformar las normas e instituciones internacionales, entonces podrían suceder dos cosas: otra potencia o potencias moverán el mundo de una manera para que avancen sus intereses y valores, pero no los de nosotros o el mundo descenderá en el caos y el conflicto”.

Esta es la esencia del pensamiento político de Antony Blinken que está alineada con los fundamentos inalterables que han inspirado la proyección internacional de esta nación desde hace más de dos siglos.

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Tomado de Contexto Latinoamericano por ProgresoSemanal.us. Autor Rafael Gonzalez Mora.

La foto de portada y el tíulo fueron modificados por El Diario Latinoamericano

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