Quienes me conocen bien saben que con cierta frecuencia suelo recordar a los que me rodean la famosa frase del gran Aristóteles cuando le cuestionaron por oponerse a algunos planteamientos de su maestro y mentor: “Platón es mi amigo, pero la verdad me es más querida“. No puedo dejar de repetirla cuando observo y analizo los últimos acontecimientos en la cúspide del Partido Demócrata.

Uno de los medios en línea que más respeto, el Huffpost, acaba de publicar que un panel del Comité Nacional Demócrata (DNC) rechazó recientemente una propuesta para organizar un debate enfocado exclusivamente en la crisis climática. En una conferencia del partido el jueves en San Francisco, el Comité de Resoluciones del DNC votó 17-8 en contra de una resolución que se ha convertido en una causa célebre para los activistas y para más de una docena de candidatos presidenciales que han sentido que el formato tradicional de debate no aborda adecuadamente la amenaza inminente de catástrofe. Algo que cobra primordial importancia en un momento en que el mundo ve aterrado cómo se destruye la selva del Amazonas.

La razón es simple, sencilla y…, bueno me niego a usar el adjetivo “lógica” en este caso, pero su argumento es que dicho debate podría sembrar discordia en la base y obstaculizar al que resulte nominado para la elección presidencial. Entre las que más insistió al respecto estuvo Symone Sanders, asesora principal de Joe Biden, diciendo que “sería un territorio peligroso en medio de un proceso primario demócrata“, ignorando incluso el hecho de que Biden le había dicho previamente a Greenpeace que “estaba a favor” de un debate sobre el clima.

Uno de mis títulos universitarios es en Política Internacional, llevo años analizando el entorno político y por obra y gracia de ciertos designios del destino soy el Editor en Jefe del Periódico Digital Independiente más popular entre los hispanos de Estados Unidos, lo cual te comento no para alardear, sino para que puedas darte cuenta de que entiendo algo de cómo se toman las decisiones en política. También entiendo que hay que ganarle a Donald Trump a como de lugar, a toda costa y a todo costo, pues de eso depende el futuro de nuestros hijos, de este país y quizás del mundo.

Pero espera, regresa tres segundo atrás y vuelve a leer lo que escribí: a toda costa y a todo costo. ¿Crees que tengo razón? ¿Te atreverías a apoyarme en esa afirmación? Sé que muchos de mis pragmáticos amigos y seguidores me dirán que sí, que “nada es más importante que sacar a Trump de la Casa Blanca e impedir que su manto maligno se extienda por otros cuatro años“… y yo querré estar de acuerdo, pues lo que Trump y sus facilitadores le están haciendo al progreso mundial es incalculable y lo que podrían hacerle en cuatro años más sería impredecible… y todo quedaría muy bien de no ser porque vivo apegado a aquella máxima de Aristóteles con la que comencé el artículo.

NO. No es cierto. Nada en este mundo. NADA. Ni siquiera sacar al Donald de la Avenida Pensilvania puede hacerse “a toda costa y a todo costo“. El mundo se deshace en pedazos, Hace unos días lloramos la muerte absoluta del primer glacial y muchos más vienen detrás. En Octubre del 2018, la ONU proyectó un calentamiento superior a 1.5 grados Celsius (2,7 grados Farenheit), lo cual ya se considera el límite para un clima seguro, a menos que las emisiones globales sean reducidas aproximadamente a la mitad en la próxima década.

Y aún así, el a veces “fantasmal” (por lo poco que sabemos y escuchamos de él) Presidente del Comité Nacional Demócrata, Tom Pérez ha decidido tomar una postura firme contra el debate. ¿De verdad, Tom? ¿De verdad cree el DNC que ganar es más importante que decir y pelear por la verdad? Porque con todo el componente relativo de cualquier verdad, la mayoría del pueblo estadounidense debe ser lo suficientemente capaz para entender que EL PLANETA SE ESTÁ MURIENDO, que estamos llegando -muy cerca ya, muy cerca- al “punto de no retorno“, o para que se entienda mejor, estamos llegando a ese momento donde hagamos lo que hagamos, ya no habrá remedio.

Si diciendo esa VERDAD y peleando por esa VERDAD no ganamos, entonces es que no merecemos ganar y debemos comenzar urgentemente a revisar qué hemos hecho o qué hemos dejado de hacer que nos impide llegar al corazón de la gente. Y no se trata de romanticismo. Quizás muchos de nosotros estaríamos dispuestos a perder un dedo de la mano con tal de que pierda Trump, pero ¿estamos dispuestos a perder nuestro compromiso con las nuevas generaciones, con nuestros hijos y nietos?

Trump ha sido una maldición en cien mil cosas, pero ha sido una bendición en UNA COSA: nos ha mostrado claramente lo peor de nuestra sociedad, lo extraordinariamente minada que está nuestra democracia y lo corrupto estructuralmente de un Washington que depende de cabilderos y del dinero de corporaciones que no tienen el menor escrúpulo en comprar jueces, congresistas, leyes y regulaciones. Trump nos ha enseñado algo más: su base le es fiel porque él es abierta y descaradamente retrógrado, racista, supremacista y discriminador.

Entonces, no podemos tener un candidato dispuesto a ganar siendo ABIERTAMENTE PROGRESISTA, capaz de decir de frente, sin miedos y apelando a los mejores valores de la nación americana, que estamos obligados y dispuestos a declarar el cambio climático una emergencia nacional (como ya lo ha afirmado Tom Steyer) o un asunto de extrema prioridad (como lo han confirmado entre otros, Bernie Sanders y Elizabeth Warren), y que esté  decidido a pelear abiertamente por el resto de los grandes temas de los Estados Unidos HOY:

el control racional de armas, el salario digno que permita cubrir las necesidades básicas, un sistema de salud que no excluya a millones de personas, una educación asequible que no endeude casi de por vida a los que tienen la “osadía” de estudiar no siendo ricos y privilegiados, y la imperante necesidad de excomulgar el racismo, el odio y la discriminación…, entre muchos otros.

Sí, promulgar abiertamente y pelear con uñas y dientes por esas verdades nos puede quitar algunos votos. Cierto. Pero nos puede ganar muchos más. No menospreciemos la inteligencia del hombre común. No subestimemos los valores y la conciencia de la familia estadounidense, al menos de la mayoría de las familias estadounidenses. Hablemos claro, con honestidad, con hechos y cifras Y NOS ENTENDERÁN.

Yo al menos, creo que esto debe ser dicho con toda la fuerza del mundo. El DNC no puede creer que “tiene el derecho automático a nuestro voto“. Estamos dispuestos a votar por la fórmula demócrata. Por supuesto que sí, pero tienen que ganárselo. No basta con decirnos que serán mejores que Donald Trump porque eso puede hacerlo casi cualquiera. Tienen que convencernos que van a llevar el país más allá, mucho más allá de como lo dejó Obama y tienen que decirnos cómo y convencernos de cómo van a lograr más progreso para EEUU del que logró Obama. Y eso es de por sí un GRAN RETO. Uno que se puede asumir sólo con la VERDAD.

Si ganamos con medias verdades, tendremos que seguir conviviendo, como hasta ahora, con medias mentiras. Y el viejo Aristóteles nos despreciará desde el Olimpo, quizás sintiendo un poco de pena cuando nos quememos con el Planeta, o con lo que alguna vez se llamó la CONCIENCIA de los hombres buenos.

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