Mi amiga Carolina Lavandeyra, una super cubanaza que vivió en Estados Unidos y México y ahora reside en Francia me hizo partícipe de la Campaña “Todos se Van“, que surgió en Twitter como un intento de llamar la atención y poner el dedo en la doliente, y a veces maloliente llaga del drama que para la NACIÓN cubana representa la inmigración desenfrenada en un país cuya población envejece a pasos agigantados porque los “jóvenes siguen abandonando el país en busca de un futuro más esperanzador”, como señala el Diario de Cuba.  Carolina entiende muy bien esa realidad. Muchos otros de mis amigos y yo, también.

A los 13 años comenzó mi proceso “pluri-migratorio” cuando pasé de vivir en el pueblo que me vió nacer, Las Tunas, y de estudiar en una Secundaria de Holguín a residir y estudiar en Camaguey. A los 17 emigré a La Habana, a los 18 me fuí a Rusia, a los 26 regresé de ese país a Camaguey, cuatro años después me fuí a Varadero, posteriormente a La Habana, luego al destierro en mi también querida Cárdenas, que fue la antesala de mis 7 años viviendo en México, desde donde pasé a residir, ya por 12 años, en el tormentoso y cálido Miami.

O sea, me he pasado casi toda mi vida yéndome, sin haberme ido jamás de ningún lugar, porque llevo en mí un pedacito de cada parte en que he vivido y la suma de todas esas experiencias es algo infinitamente más grande que quien yo soy como ser humano. Jamás olvidaré el olor de los bosques de abedules en la primavera rusa ni la extraordinaria hospitalidad de su gente buena; siempre habrá un lugar en mi corazón para ese México lindo y querido que enamora por el trato cálido de su gente amable y la belleza extraordinaria de sus paisajes. Y aún cuando en el momento actual a veces he pensado en volver a irme de la América pasajera de Trump, que no resisto, sé que jamás me ire, ni parcialmente ni del todo, de la América de Martin Luther King y otros como él, que es la que cuenta.

Entonces nunca me he ido completamente de Rusia o México y seguramente nunca me iré del todo de los Estados Unidos, que hoy da abrigo a mis hijos y mis futuros nietos, pero sobre todo, nunca, nunca, NUNCA, me iré del todo de esa Isla tan inmensa como tan bella, desde la Punta de Maisí al Cabo de San Antonio. Sí, me fuí, como casi tres millones de otros paisanos, pero no quisiera ser recordado entre “Todos los Que se Van“, sino entre todos los que en este infinito proceso de estarnos yendo, realmente nos la pasamos REGRESANDO. Y vamos a seguir regresando.

La campaña es GENIAL, conmovedora, útil y necesaria, para crear conciencia en los que hoy gobiernan Cuba y en los que hoy usan el drama cubano para promover turbios intereses. Ya no tan genial resulta la manipulación que ya se le comenzó a dar, de manera organizada y muy bien planeada, a algo que surgió como el grito espontáneo de un pueblo cansado de irse y harto de extrañar a sus hijos, padres y hermanos, para convertirla -por una parte-, en apología de un régimen que ha aportado mucho (aunque no todo) al éxodo isleño; y -por otra parte,- en justificación de la fracasada política de quienes también han aportado mucho (tampoco todo) al mismo fenómeno.

Todos los pueblos emigran. Todos los pueblos pobres emigran en masivas cantidades hacia los países más desarrollados, parte por los efectos globalizados de la insaciable avaricia de los que más tienen, que los han saqueado por siglos y lo siguen haciendo ahora; y parte por la corrupción, ineficiencia, o ambas, de sus gobiernos de turno, sean de la ideología que sean o digan profesar. Pero no todos los pueblos han sido obligados a sumar a su desgracia el criminal embargo de un poderoso vecino, ni el odio y los viejos rencores de parte de sus propios hermanos. Sirva esta campaña también para parar de una vez ese exclusivo “atributo” de los cubanos.

Me anima y reconforta el alma ver que la mayoría está asumiendo (y ojalá continuemos así) lo más positivo de este empeño y lo está convirtiendo en acciones concretas, como prepararse para el ya famoso diálogo convocado por el actual gobernante cubano para Abril del 2020, no como el apoyo al fracasado proyecto castrista o al igualmente fracasado proyecto anti-castrista, sino como la exigencia de continuar construyendo PUENTES reales y duraderos y parar de una vez la destrucción demográfica y espiritual de nuestra existencia como NACIÓN. E iniciativas como la de la Marcha de mañana 15 de diciembre en Miami por el restablecimiento del Parole de Reunificación Familiar para los cubanos.

Nuestro caso es complejo, sobre todo porque cada cubano tiene una historia, y en dependencia de esa historia actúa y se manifiesta con respecto a cualquier proyecto de reconciliación nacional. Sin embargo, si la mayoría de nosotros, incluso los que estamos en lugares tan opuestos de las barricadas, y por supuesto incluyendo a los que estamos fuera y los que están dentro, echamos un vistazo honesto a la profundidad de nuestros corazones, veremos que todos tenemos a alguien que se ha ido, o que se quiere ir, y que TODOS NOS HEMOS IDO UN POCO, hasta los que allá están.

Pero también podemos constatar, con esa mezcla de alegría y tristeza que siempre acompaña los más profundos derroteros del alma, que TODOS o casi todos, sea física o espiritualmente, lo reconozcamos o no, NOS LA PASAMOS REGRESANDO. Falta solamente que desde todos lados, desde todas las partes involucradas, incorporemos TRES lindas palabras: “¡Bienvenido, Pase Usted!”.